Son las 5 de la mañana. El día aún está fresco y es hora de iniciar la rutina de cada sábado. Las botas, la gorra, la mascarilla, el machete, la soguilla. Caminar al puerto, persignarse al subir al bote. Mirar el cielo iluminado por el sol que tiñe todo de dorado. Es hora de ir al bosque. 

Desde hace 4 meses, cada sábado, Marisela Vargas, la lideresa de ARDISEP y responsable de la casa de sanación de Sepahua sale por la madrugada a conseguir las plantas con las que prepara los brebajes, infusiones y vapores con los que trata a los pacientes que muestran posibles síntomas de la Covid 19.

“Nuestra labor continúa, no ha parado nunca. Desde hace meses venimos haciendo esto por nuestra gente… nos explica. Con más de 500 atenciones desde la apertura del centro, la pericia de Marisela y Lisset Vergaray, su compañera y también artesana de ARDISEP, viene en aumento. “La gente confía en nosotras, no podemos fallarles. Nuestros vecinos vienen a buscar apoyo… menos mal que el Doctor Luis Adauto (responsable del Centro de Salud de Sepahua) y el Alcalde nos apoyan con lo que pueden, pero es un trabajo duro”.


marisela vargas

Marisela es machiguenga y vive en Sepahua, centro del mundo de los indígenas yine, desde hace muchos años. “Nosotras las mujeres artesanas de ARDISEP nos hemos esforzado por tener nuestra cultura como valor, como capital para salir adelante. Con la pandemia, estamos usando nuestra cultura para defendernos de este mal invisible”. La labor de Marisela y ARDISEP es totalmente voluntaria.

La receta de Marisela se basa en el uso de la mucura, una hierba que crece en el bosque y en algunos jardines de la ciudad de Sepahua. “Cuando esta enfermedad ha venido, hemos recordado lo que mi abuela me ha enseñado. Así vamos nosotros a curarnos, a protegernos. El bosque nos va a ayudar a curarnos” .

Y es que el bosque no es solo como los foráneos los vemos. No es solo un montón de árboles y plantas creciendo juntos. El bosque tiene vida y, a los ojos de los indígenas, es la fuente de sanación y vida que todos necesitamos.

“Cuando voy al bosque, tempranito, voy a buscar mis plantas. Y se les pide al bosque con respeto. No es ir con el machete nomás a cortar y traer. Cuando vemos una planta o un árbol que necesitamos para curarnos hay que pedirle con respeto. Que nos de su curación, que nos de su vida, que nos sane. Al bosque hay que mirarlo con respeto y con cariño”.

Cuando esta enfermedad ha venido, hemos recordado lo que mi abuela me ha enseñado. Así vamos nosotros a curarnos, a protegernos. El bosque nos va a ayudar a curarnos

Desde el bote, Marisela señala a la “sirenita del río” que con sus flores rosadas y blancas acompaña a los viajeros adornando las riberas. Recoge con respeto sus flores, pide su permiso para cortar una raíz. “Si no se pide permiso no es lo mismo. Le estamos pidiendo a la madre de la planta que nos cure. No vas a cortarla nomás.”

Al caminar por la trocha, machete en mano, alcanza a ver las flores del ajosacha y mientras las recoge con cariño mira un imponente ubos negro. “Esa corteza es muy buena, mis pacientes van a sanar con eso…” La jornada avanza y, al ajosacha y el ubos se unen la sangre de grado, la huayusa, el matico, la bobinzana y varias plantas más que forman parte de su arsenal curativo. “No te olvides del mediquito ajosacha, ni de la abuela ayahuma, si no, se va a resentir. El jergónsacha también, no te vayas a olvidar”. Hay que hacerle caso a la jefa.

“Las plantas no pueden ser usadas así nomás, a la planta se lo conoce, se le respeta y hay que saber prepararla. Así cualquiera nomás no puede usarlas…” Marisela y su grupo, como otros grupos de medicina intercultural y alternativa, está usando el conocimiento que durante miles de años se ha ido acumulando y pasando de generación en generación hasta nuestros días.

Un elevado número de medicamentos modernos vienen de las plantas y algunos de los más promisorios para tratar el cáncer y otras terribles enfermedades fueron identificados por mujeres como Marisela. “Nosotras no somos mezquinas, hay que compartir para el bien de todos, pero hay que cuidar nuestro bosque. Ese es nuestra farmacia.”


flores de bobinzana

Parte del sueño de Marisela y de ARDISEP es que se cree un área protegida en la parte alta de la cuenca del Sepahua. “Nosotras estamos preocupadas. Ya están viniendo a invadir esas tierras, a contaminar el río, a destruir el bosque. De donde vamos entonces a sacar nuestras plantas…”, nos dice preocupada. La propuesta para crear una Concesión para Conservación en Sepahua espera superar las trabas que todo proceso enfrenta, sobre todo cuando intereses de terceros, vinculados al tráfico de tierras y el narcotráfico están ya presentes.

“El Alcalde nos está apoyando y las autoridades de la comunidad estamos todos de acuerdo con que se cree esa protección para nuestro río y nuestro bosque.” La organización Andes Amazon Fund y la Asociación ProPurús están activamente trabajando para lograr la creación de esta concesión, sin embargo, el proceso es largo y enfrenta retos complejos.


Marisela y Lisset han vuelto al centro de sanación. Ordenan sus plantas, alistan sus preparados. Mañana desde las 7 u 8, estará llegando la gente. A pesar del viaje y la fatiga de más de 150 días trabajando, Marisela sigue con la misma energía, con la misma entrega. “Así somos nosotras, mujeres indígenas. Cuando hay que trabajar y apoyar, nosotras tenemos que dar el ejemplo”.

Mientras acababa de escribir estas líneas pensaba en la competencia comercial por la vacuna contra el COVID y las fortunas que se amasarán con ellas. Pensaba en Marisela, en la mujeres y hombres indígenas que solo nos piden respeto al bosque, respeto a sus derechos como ciudadanos, respeto a su hogar. Solo eso nos piden para compartirnos su riqueza. Esas son las enseñanzas de las abuelas, de las madres indígenas, de las mujeres del bosque. Quizá un día aprendamos la lección.